sábado, 3 de enero de 2026
cartas
viernes, 2 de enero de 2026
CHIMISKOLI
Según el diccionario de náhuatl de la UNAM, la palabra *Chimiskoli* significa "chisme". Un excelente título para un blog en restauración.
Antes, mi blog se llamaba *Encuentros Furtivos*; para el 2012 eso me sonaba muy "cool", la misma palabra me hacía sentir mística... otra palabra de los dos mil que se popularizó con la llegada de Disney Channel (o al menos yo la conocí por ahí).
Saben...
Crecí en un seno familiar amorfo. Mi familia era considerada "de dinero" —porque hasta en los estados hay clases—. Mis tíos tenían carro, contrataban Sky, nunca me faltó qué comer ni qué vestir, y en Reyes Magos siempre tuve lo que pedí. El mundo veía a mi familia entera como personas "de bien": todos los hijos de mi abuelo eran "empresarios", hombres y mujeres letrados que vestían correctamente y ostentaban modales superiores. Pero, claro, todo eso era un telón de seda; si te acercabas lo suficiente, podías ver la sencillez de sus carencias, la baja autoestima y esa miserable composición de hombres y mujeres marcados por la indiferencia, que solo se alimentaban de los demás.
Las mentiras más dulces que comía como caramelos, era creer que crecí con personas decentes.
Ahora bien.
Crecer en el Estado de México puede suponer muchas cosas. Demasiados estereotipos que son el verdadero núcleo de lo que el mundo entero cree que posee la capital. La mayoría de los habitantes somos personas allegadas de otros estados que, de una forma u otra, deseaban vivir en el Distrito Federal (ahora CDMX). No es un estado "naco", como suelen llamarle; básicamente el 89% de la población trabaja en la Ciudad y radica en el Estado. He vivido en ambos y sé que la variedad de gente es la misma.
Oh sí, definitivamente: si las oportunidades de la CDMX fueran las mismas en todo el país... nadie quisiera estar en la Ciudad.
Esto lo sé por mi padre, quien era un comerciante ambulante que un buen día logró conquistar a la mujer más hermosa que sus ojos hubieran visto: mi madre. Ella, en ese momento, tenía otros asuntos en la cabeza. Su novio de entonces, después del "delicioso", no la buscó. Ella estaba furiosa porque, eso sí, ella era una mujer aguerrida; a los 17 años tenía claro que no se dejaría llevar por el dramatismo de la época y menos de semejante patán.
Oh bueno, eso hubiera sido lo más sensato.
Nunca tomen decisiones bajo presión o dolor. En el caso de mi mamá, eso fue lo que pasó. Estaba dolida y enojada; su novio le había pedido la "prueba de amor" pero desapareció al segundo día sin dejar rastro, ni una llamada, ni un mensaje. Obvio no lo buscó, ¡por el amor de Tláloc!, ella no era cualquier cosa. Era la respetada hija de una casa donde su madre era la encargada de la iglesia y leía la Biblia a los feligreses cada domingo. Su padre, Don Pablo, distribuía medicamentos; sabía tanto que si un vecino no tenía para el doctor, acudía a él. A Lucía, mi mamá, no podían hacerle tal desaire. Era una dama de casa, tuvo chófer la señorita y la educación necesaria para trabajar (con sus tíos, claro).
Aquí una pequeña aclaración:
Recuerden que en los años 70 una mujer no podía darse el lujo de tener relaciones sin casarse; eso la convertía en una "loca". Así que la idea de que Jerónimo —un militar de élite, como se había presentado— la hubiera dejado, era inaceptable. Si así fue, el maldito la pagaría. La venganza de mi mamá fue... salir con mi papá.
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esos amigos que ayudan,pero lo niegan