sábado, 3 de enero de 2026

cartas

Hace mucho que no escribo, básicamente porque tengo mala ortografía y dudaba mucho de cómo iniciar, pero sé que todo comienza con voluntad. Este blog lo tengo desde los 17 (creo); no llevo la cuenta, solo sé que siempre borro entradas o las modifico. Me daba bastante orgullo leer mis publicaciones, pero a los 32 años dejé de sentirme orgullosa: caí en la cuenta de lo mal que estaba.

Aunque creo que los errores nos ayudan a mejorar siempre y cuando aprendamos de ellos, a veces nos sentimos con mucho derecho de juzgar a una persona sin conocer el contexto o qué la llevó a donde está. En ese punto de partida donde todos separamos nuestros ideales, podemos encontrar también la conexión para un mejor criterio. No es lo mismo una persona que puede autoevaluarse que una persona que se justifica por cada error que comete. Estoy segura de que llegué a justificar más de una vez cómo actuaba sin darme cuenta de a cuántas personas lastimé, pero, así mismo, mediante esos errores llegué a entender qué hice mal. Mis acciones tuvieron más autocritica; ergo, tomé responsabilidad con razonamiento. No diría que llegué al punto más alto de mi entendimiento, aún estoy comprendiendo cosas sobre mí, por ello les comparto este pensamiento del 2020:

Pensamiento 2020:
 Llevaba mucho tiempo sin salir con alguien. No soy buena eligiendo pareja; mi madre dice que soy un imán para los patanes. Odio decir que tiene razón porque mi personalidad no encaja con la víctima de una mujer "dejada"; todo lo contrario, soy muy firme. Entonces, ¿por qué siempre termino saliendo con un patán? Siempre parecen buenos chicos que no podrían hacerte un escándalo en la calle o lastimarte.
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> Es un error común clasificar a una persona sin conocerla. Me ha pasado tanto que creo poder oler la "peste" de persona que son; por ello me sorprendió que al salir con... (no diré su nombre, le pondremos "Costal de Caca"), no me llegó el aroma. A todos mis conocidos les llegó el olor menos a mí. Estaba tan feliz de conocer a alguien divertido que mi nariz no lo notó.

 Sentía muchas cosas y me divertía tanto con él que, honestamente, ignoré todo. Caí en lo más estúpido: confié tanto que incluso lo más obvio no lo vi. Pensé que era amor. De mi parte lo era, pero cuando descubrí la verdad, mi corazón estaba tan decepcionado que esta vez no se rompió. Lo peor es que perdí a mi único amigo que me consolaba; me siento sola a pesar de tener a mi perro.
 Pero, ante toda esta mierda, me quiero animar:


Querida Yo:
 Lamento mucho que confiaras tan ciegamente. Tienes parte de la culpa, pero no puedes quedarte llorando. Es justo estar triste, pero ya le has llorado mucho. Tienes que pensar fríamente y decidir cada acción que harás para que no te afecte. Como una vez te dijo un amigo: "Lo importante eres tú". Siempre es así, y aunque es lo que más te cuesta, tienes que hacerlo. El amor es difícil de encontrar; mira esto como otra lección. Eres muy valiosa, así que olvídate de "Costal de Caca". Sabes qué hacer. Te amo con todo mi corazón.





PARA COSTAL DE CACA:
Tienes problemas de autoestima seguramente, y te conviertes en el típico hombre que engaña a su pareja por ese motivo. No te deseo nada bueno ni nada malo; creo que suficiente tienes con perder a la maravillosa mujer que tenías. Lo sabes muy bien, y creo que te lo buscaste porque no crees merecer nada mejor. Lo mejor de esto es que ella, después de ti, será algo mucho mejor que tú no podrás tener.


viernes, 2 de enero de 2026

CHIMISKOLI

Según el diccionario de náhuatl de la UNAM, la palabra *Chimiskoli* significa "chisme". Un excelente título para un blog en restauración.


Antes, mi blog se llamaba *Encuentros Furtivos*; para el 2012 eso me sonaba muy "cool", la misma palabra me hacía sentir mística... otra palabra de los dos mil que se popularizó con la llegada de Disney Channel (o al menos yo la conocí por ahí).


Saben...


Crecí en un seno familiar amorfo. Mi familia era considerada "de dinero" —porque hasta en los estados hay clases—. Mis tíos tenían carro, contrataban Sky, nunca me faltó qué comer ni qué vestir, y en Reyes Magos siempre tuve lo que pedí. El mundo veía a mi familia entera como personas "de bien": todos los hijos de mi abuelo eran "empresarios", hombres y mujeres letrados que vestían correctamente y ostentaban modales superiores. Pero, claro, todo eso era un telón de seda; si te acercabas lo suficiente, podías ver la sencillez de sus carencias, la baja autoestima y esa miserable composición de hombres y mujeres marcados por la indiferencia, que solo se alimentaban de los demás.


Las mentiras más dulces que comía como caramelos, era creer que crecí con personas decentes.


Ahora bien.


Crecer en el Estado de México puede suponer muchas cosas. Demasiados estereotipos que son el verdadero núcleo de lo que el mundo entero cree que posee la capital. La mayoría de los habitantes somos personas allegadas de otros estados que, de una forma u otra, deseaban vivir en el Distrito Federal (ahora CDMX). No es un estado "naco", como suelen llamarle; básicamente el 89% de la población trabaja en la Ciudad y radica en el Estado. He vivido en ambos y sé que la variedad de gente es la misma.


Oh sí, definitivamente: si las oportunidades de la CDMX fueran las mismas en todo el país... nadie quisiera estar en la Ciudad.


Esto lo sé por mi padre, quien era un comerciante ambulante que un buen día logró conquistar a la mujer más hermosa que sus ojos hubieran visto: mi madre. Ella, en ese momento, tenía otros asuntos en la cabeza. Su novio de entonces, después del "delicioso", no la buscó. Ella estaba furiosa porque, eso sí, ella era una mujer aguerrida; a los 17 años tenía claro que no se dejaría llevar por el dramatismo de la época y menos de semejante patán.


Oh bueno, eso hubiera sido lo más sensato.


Nunca tomen decisiones bajo presión o dolor. En el caso de mi mamá, eso fue lo que pasó. Estaba dolida y enojada; su novio le había pedido la "prueba de amor" pero desapareció al segundo día sin dejar rastro, ni una llamada, ni un mensaje. Obvio no lo buscó, ¡por el amor de Tláloc!, ella no era cualquier cosa. Era la respetada hija de una casa donde su madre era la encargada de la iglesia y leía la Biblia a los feligreses cada domingo. Su padre, Don Pablo, distribuía medicamentos; sabía tanto que si un vecino no tenía para el doctor, acudía a él. A Lucía, mi mamá, no podían hacerle tal desaire. Era una dama de casa, tuvo chófer la señorita y la educación necesaria para trabajar (con sus tíos, claro).


Aquí una pequeña aclaración:


Recuerden que en los años 70 una mujer no podía darse el lujo de tener relaciones sin casarse; eso la convertía en una "loca". Así que la idea de que Jerónimo —un militar de élite, como se había presentado— la hubiera dejado, era inaceptable. Si así fue, el maldito la pagaría. La venganza de mi mamá fue... salir con mi papá.



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esos amigos que ayudan,pero lo niegan